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Nuestra hermana Lía Ocampo descansa en la paz del Señor

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Celebración de Bodas de Oro y Plata

Bodas-2014-086


 

Aula de formación

La Congregación nos regala un espacio propicio para nuestro crecimiento humano y espiritual a través del Aula de formación. Aprovechemos esta fuente inagotable que nuestro carisma nos ofrece.logo-aula


 Banquete de la solidaridad

Cada año, en nuestra Casa Provincial, nos damos cita con familiares y amigos, para celebrar juntos el Banquete de la solidaridad, al que asisten con gusto muchas personas que quieren sumarse a esta noble labor.

El 20 de julio fue esta esperada fecha.

soli-2014

Indice del artículo
Recursos oracionales
La fe, escándalo y locura
Todas las páginas

cultivemosMomento oracional: Cultivemos la fe

Canto al Espíritu Santo.

Motivación

Canto: Dime Señor qué es la fe.

En la Carta Apostólica “Porta Fides”  el Papa Emérito Benedicto XVI nos invita a introducirnos en la vida de comunión con Dios y a acercarnos, como la samaritana, al pozo para escuchar a Jesús que nos llama a creer en El y a extraer el agua viva que brota de su fuente.   Hay muchas formas para cultivar y hacer crecer la fe, recordando que es DON DE DIOS, REGALO, INICIATIVA, quiere que nosotros nos abramos a acoger esa FE y a llevarla a la vida. El Padre Francisco Palau haciendo alusión a esa calidad de fe  dice en el libro  “Mis Relaciones”:

“Creer en la Iglesia es verla, con tanta más claridad según es la luz de la fe. Creer en el Verbo de Dios es oírle con tanta más distinción y seguridad  cuanta con mayor fe se cree. La Palabra de Dios permanece eternamente, como el mismo Dios, y lo que ha dicho, lo han oído y lo oirán todos los siglos. Creer en ella es aplicar el oído del alma y ponerse atenta y en silencio para escucharla. Desde que el alma cree a la Palabra de Dios revelada, creer es escucharla, y si la escucha la oye y si la oye la entiende. “.¡Purísima Virgen, oh Iglesia santa, cuán débil es en mi la fe en ti,! ayúdame “ (770- 771-774.

Silencio de reflexión y luego resonancia.

Terminamos haciendo una súplica por la Iglesia.


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La fe, escándalo y locura

Los primeros cristianos lo sabían. Su fe en un Dios crucificado sólo podía ser considerada como un escándalo y una locura

Los primeros cristianos lo sabían. Su fe en un Dios crucificado sólo podía ser considerada como un escándalo y una locura. ¿A quién se le había ocurrido decir algo tan absurdo y horrendo de Dios? Nunca religión alguna se ha atrevido a confesar algo semejante. Ciertamente, lo primero que todos descubrimos en el crucificado del Gólgota, torturado injustamente hasta la muerte por las autoridades religiosas y el poder político, es la fuerza destructora del mal, la crueldad del odio y el fanatismo de la mentira. Pero ahí precisamente, en esa víctima inocente, los seguidores de Jesús vemos a Dios identificado con todas las víctimas de todos los tiempos.

Despojado de todo poder dominador, de toda belleza estética, de todo éxito político y toda aureola religiosa, Dios se nos revela, en lo más puro e insondable de su misterio, como amor y sólo amor. No existe ni existirá nunca un Dios frío, apático e indiferente. Sólo un Dios que padece con nosotros, sufre nuestros sufrimientos y muere nuestra muerte.

Este Dios crucificado no es un Dios poderoso y controlador, que trata de someter a sus hijos e hijas buscando siempre su gloria y honor. Es un Dios humilde y paciente, que respeta hasta el final la libertad del ser humano, aunque nosotros abusemos una y otra vez de su amor. Prefiere ser víctima de sus criaturas antes que verdugo.

Este Dios crucificado no es el Dios justiciero, resentido y vengativo que todavía sigue turbando la conciencia de no pocos creyentes. Desde la cruz, Dios no responde al mal con el mal. "En Cristo está Dios, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino reconciliando al mundo consigo" (2 Corintios 5,19). Mientras nosotros hablamos de méritos, culpas o derechos adquiridos, Dios nos está acogiendo a todos con su amor insondable y su perdón.

Este Dios crucificado se revela hoy en todas las víctimas inocentes. Está en la cruz del Calvario y está en todas las cruces donde sufren y mueren los más inocentes: los niños hambrientos y las mujeres maltratadas, los torturados por los verdugos del poder, los explotados por nuestro bienestar, los olvidados por nuestra religión.

Los cristianos seguimos celebrando al Dios crucificado, para no olvidar nunca el "amor loco" de Dios a la humanidad y para mantener vivo el recuerdo de todos los crucificados. Es un escándalo y una locura. Sin embargo, para quienes seguimos a Jesús y creemos en el misterio redentor que se encierra en su muerte, es la fuerza que sostiene nuestra esperanza y nuestra lucha por un mundo más humano.

José Antonio Pagola

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